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El amor entre mujeres: "El beso de Safo" de Efrén Rebolledo

En 1916 el poeta hidalguense Efrén Rebolledo publicó Caro Victrix, un breve libro compuesto por doce sonetos que habrían de situarlo como un autor de culto. Arriesgado en sus temas, explora el erotismo con una precisión y profundidad pocas veces vistas en la poesía mexicana. En ese breve y oscuro universo donde se hace presente “la victoria de la carne”, se encuentra un deslumbrante poema, “El beso de Safo”, que aborda en catorce versos el encuentro sexual entre dos mujeres: “Más pulidos que el mármol transparente,/ más blancos que los blancos vellocinos,/ se anudan los dos cuerpos femeninos/ en un grupo escultórico y ardiente./ Ancas de cebra, escorzos de serpiente,/ combas rotundas, senos colombinos,/ una lumbre los labios purpurinos,/ y las dos cabelleras un torrente./ En el vivo combate, los pezones/ que se embisten, parecen dos pitones/ trabados en eróticas pendencias,/ y en medio de los muslos enlazados/ dos rosas de capullos inviolados/ destilan y confunden sus esencias.” Dos mujeres en plena desnudez, abrazadas (y abrasadas) en un experiencia llena de sensualidad y placer, en obvia referencia a la gran poeta griega Safo (610-580 AC), considerada el emblema del amor entre mujeres, quien enseñó poesía y otras artes a sus discípulas en la isla de Lesbos (de ahí el origen de la palabra “lesbianismo”).

Efrén Rebolledo presenta la escena general para luego describir (por medio de la sinécdoque y el uso de adjetivos exactos y deslumbrantes) cómo cada parte de los cuerpos adquiere una voluntad propia entre espasmos y ondulaciones: los senos, los pezones, los labios y los muslos que conducen al clímax de la unión final donde las dos vulvas, las “rosas de capullos inviolados”, se besan mientras “destilan y confunden sus esencias”, en un trance signado por el movimiento y la fijeza.
Pero hay algo oculto en el poema, “algo” que sólo la métrica puede resolver: si medimos el quinto verso, “Ancas de cebra, escorzos de serpiente,” y atendemos a la coma después de “cebra”, el verso es un dodecasílabo y no un endecasílabo como todos los demás versos que componen el soneto. Pero no creo que sea un error del poeta (que demostró en toda su obra un alto rigor formal), por el contrario, en este verso se une lo que (aparentemente) no debería unirse: dos mujeres que se desean y, también, dos sílabas (separadas por una coma: la puntuación como regla moral al fin vencida); así, el verso puede medirse como un endecasílabo: “an-cas-de-ce-bra,es-cor-zos-de-ser-pien-te”. En “El beso de Safo” una mujer elige amar a otra mujer y el lenguaje emerge como una metáfora tangible del deseo natural e instintivo entre las amantes, entre el fuego y el agua: “una lumbre los labios purpurinos,/ y las dos cabelleras un torrente.” En este momento lírico la poesía une (mientras nombra) lo que otros separan y el poema es testimonio de esa maravillosa alianza.

(Jair Cortés, La Jornada Semanal, La Jornada)