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Recuerden a Cánovas (Martin Garitano)

Periodista

En las semanas previas al referéndum soberanista de Catalunya se suceden desnudos políticos integrales como el de Alberto Garzón, flamante portavoz de Izquierda Unionista. También Iglesias, Monedero o Echenique han mostrado el verdadero orden de prelación en sus principios: España una, grande y, tal vez, un poco más libre que con el PP. Para eso se proclaman «patriotas españoles».

Pero entre tantas proclamas y soflamas, uno se queda con la farrucada de Soraya Saez de Santamaría, la que nos recordó que al Estado le bastan 24 horas para frenar en seco el Procés catalán.

En algo hay que darle la razón a la vicepresidenta española: El Estado tiene la fuerza bruta, la capacidad de ejercer una violencia desenfrenada. Pero le faltan la inteligencia, la memoria y, sobre todo, la cultura.
Recuerden que fue en 1897 cuando Cánovas del Castillo, presidente español a la sazón, prometió sacrificar «hasta el último hombre y la última peseta» para preservar el imperio español.

De la mano del general Valeriano Weyler, un verdadero sicópata, mataron a muchos, a cientos de miles, en todas sus colonias pero en aquel tiempo Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Islas Marianas, Islas Carolinas y el archipiélago de Palau se emanciparon. Los esclavos pudieron más que la metrópoli.

Y, ademas, el propio Cánovas cayó fulminado en Santa Agueda, Arrasate, a manos de un buen revolucionario, Michelle Angiolillo.

Ahora solo les queda el islote de Perejil... y Catalunya y Euskal Herria. ¿Hasta cuándo?

(Gara)