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Crisis, enjuagar, repetir (J. Bradford DeLong)

Más avanzado este siglo, cuando los historiadores económicos comparen la "Gran Recesión" que comenzó en 2007 con la Gran Depresión que comenzó en 1929, llegarán a dos conclusiones elementales.

Primero, dirán que la respuesta inmediata de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a la crisis de 2007 fue de primer nivel, mientras que la respuesta inmediatamente después del desplome de la bolsa de 1929 fue de quinto nivel, en el mejor de los casos. La secuela de la crisis financiera de 2007-2008 fue dolorosa, sin duda; pero no se convirtió en una repetición de la Gran Depresión, en términos de caída de producción y empleo.

Por otro lado, los futuros historiadores también dirán que la respuesta de más largo plazo de Estados Unidos después de 2007-2008 fue de tercera categoría o peor, mientras que la respuesta del presidente Franklin Roosevelt, del Congreso y de la Fed en los años posteriores a la Depresión fue de segunda o de primera categoría. Las políticas contundentes de la era del New Deal sentaron las bases para el crecimiento rápido y equitativo del prolongado auge de posguerra.
Ahora, consideremos algunos datos económicos clave. El ingreso nacional per capita de Estados Unidos alcanzó un pico en 2006, justo antes de la Gran Recesión, y aún estaba un 5% por debajo de ese punto en 2009. En el lapso de tres años, sin embargo, había regresado a su pico de 2007; y, si tenemos suerte, terminará estando 8% por arriba de su pico de 2007 este año.

Por el contrario, cuatro años después de que el ingreso nacional per capita de Estados Unidos alcanzó un pico en 1929, seguía estando 28% por debajo, y no regresaría a su pico de 1929 durante un período de diez años. En otras palabras, no se puede hacer ninguna comparación con la Gran Depresión, al menos en términos de un ingreso nacional per capita menor.

Pero tampoco se puede hacer ninguna comparación con la Gran Recesión en términos de crecimiento débil de la productividad. En el lapso de 11 años del pico del ciclo comercial de la pre-Depresión en 1929, la producción por trabajador estaba 11% arriba y seguía creciendo rápidamente. En cambio, la producción por trabajador este año es sólo 8% superior que su pico de la pre-Gran Recesión, y esa cifra sigue subiendo lentamente.

Entonces, en el lapso de 11 años del inicio de la Depresión, Roosevelt y su equipo habían logrado que el ingreso nacional per capita de Estados Unidos regresara a su pico previo, haciendo subir al mismo tiempo la producción por trabajador un 11%. Es más, lo hicieron partiendo de una posición en 1933 que era incomparablemente peor de la que los responsables de las políticas en Estados Unidos enfrentaban a fines de 2009. Cuando los historiadores analicen los dos períodos, tendrán que concluir que el desempeño relativo después de la Gran Recesión era absolutamente alarmante.

A la hora de buscar culpables por estos antecedentes funestos, los demócratas apuntan al hecho de que los republicanos cerraron el grifo del estímulo fiscal en 2010, y luego se negaron a volver a abrirlo. Los republicanos, por su parte, han ofrecido una serie de explicaciones incomprensibles e incoherentes para el crecimiento anémico registrado desde la crisis financiera.

Algunos republicanos, naturalmente, culpan a Obama y a sus famosos logros legislativos como la Ley de Cuidado de Salud Asequible de 2010 (Obamacare) y la Ley de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor Dodd-Frank de 2010. Otros culpan a los desempleados, a aquellos que quedaron directamente fuera del mercado laboral o a aquellos que quieren trabajar pero supuestamente no tienen nada de valor para ofrecer -los llamados "trabajadores de productividad marginal cero".

Es mucho más válido el argumento que ofrecen los demócratas, aunque Obama y su equipo también merezcan una buena parte de la culpa por querer aplicar una austeridad fiscal inapropiada en las primeras etapas de la recuperación. En todo caso, la austeridad no es toda la historia. Y cuando pensamos en lo que viene a continuación, el aspecto más preocupante de la respuesta post-2007 es que quienes la implementaron, y quienes los sucedieron, aún no la reconocen como un fracaso.

Por ejemplo, los responsables de las políticas de la Fed, con algunas excepciones honorables, todavía insisten en que hicieron lo mejor que pudieron, considerando los vientos fiscales que soplaban en contra en ese momento. De la misma manera, los responsables de las políticas de la administración Obama todavía se dan una palmadita en la espalda por impedir una segunda Gran Depresión, y dicen que hicieron lo mejor que pudieron, dadas las recalcitrantes mayorías parlamentarias republicanas después de las elecciones de mitad de mandato de 2010.

Al mismo tiempo, los economistas de derecha todavía se ocupan de decir que las políticas fiscales de la administración Obama y las políticas monetarias del entonces presidente de la Fed Ben Bernanke fueron peligrosamente inflacionarias. Si fuéramos a creerles, deberíamos considerarnos afortunados de haber evitado el destino de Grecia o Zimbabue.

Pero como han demostrado Christina D. Romer y David H. Romer de la Universidad de California, Berkeley, los países en todo el período de posguerra que no tenían el espacio monetario o fiscal para hacer frente a una crisis financiera muchas veces sufrieron caídas de la producción del 10% o más, inclusive una década después del hecho.

Ya pasaron 11 años desde el inicio de la última crisis, y es sólo una cuestión de tiempo antes de que experimentemos una nueva -como ha sido la regla para las economías capitalistas modernas desde por lo menos 1825-. Cuando eso suceda, ¿tendremos el espacio de políticas fiscales y monetarias para encararla de manera tal de impedir las caídas de producción de largo plazo? El contexto político actual no genera demasiada esperanza.

(Project Syndicate)