Herida por graves traiciones y ninguneada en telediarios e informativos, Granada busca nuevos horizontes, como otras provincias discretamente a la sombra. Muchas creencias de ayer se han convertido en frustración
Hace un mes se inauguró el Auditorio de la SGAE en la Cartuja sevillana, cerca del Teatro Central, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el Auditorio Rocío Jurado, la Fundación Tres Cultural del Mediterráneo, el Auditorio Box y el Caixafórum. Con el faraónico edificio de 35.000 metros cuadrados -"el más moderno y costoso de España (ochenta millones de euros, aproximadamente) y uno de los más avanzados del mundo"- se amplía de manera excepcional la oferta de la ciudad de Sevilla que es "la cuarta en consumo cultural, epicentro y referente nacional de las artes escénicas", según declaraciones a los medios de comunicación. El empresario Salaberría, responsable de la planificación de actividades, ha dicho que el Auditorio de la SGAE "supone un regalo único para Sevilla". Será reclamo turístico de primer orden. Su nombre Oficial es Cartuja Center CITE, cuya gestión la han asumido varias empresas.
Se programarán óperas, conciertos sinfónicos, teatro, espectáculos excepcionales, conciertos de rock & roll y talleres vinculados a la ciencia y tecnología. Y esto será posible gracias a unos recursos escénicos de última generación y al sistema de acústica variable que se adaptarán en función de las exigencias de cada representación. El principal de los cuatro edificios del Cartuja Center, destinado al auditorio, dispone de tres escenarios, con aforo que supera las dos mil localidades, que podrá ser ampliado a cuatro mil personas de pie retirando las butacas en pocos minutos, mediante un procedimiento revolucionario. "Hoy no se puede entender la cultura sin pasar por Sevilla, relejo de todo lo que surge desde la raíz. Madrid recoge las aguas que llegan de toda España, incluidas las de Sevilla, y venir a la fuente es siempre importante", ha declarado Salaberría.
El Estado Moderno se inicia en Granada en 1492, cuyo V Centenario pasó casi inadvertido, en un ambiente de sonrojo y decepción. Nada había que celebrar aquí ni universal ni nacionalmente con motivo de la excepcional efeméride. La conmemoración granadina se quedó sin padrinos y sin la exigible dotación económica. Un mutismo aprendido, similar al de otros momentos históricos, se apoderó de la ciudad y su provincia. Parece obvio que las inversiones llevadas a cabo en la Cartuja con motivo de la EXPO'92 sean hoy "un espacio maravilloso que cambió la vida de Sevilla hace más de 24 años", cuyo precedente se remonta a 1929, con la Exposición Iberoamericana.
Un político granadino dijo en aquellos días de fastos que sentía sana envidia de la EXPO. Y se equivocó, porque no hay envidia sana. Sí legítima indignación ante desorbitados desequilibrios que quebraron ilusiones abanderadas por el "café para todos", convertidas en poco tiempo y para muchos en café de achicoria y en mensajes rayanos en la demagogia, agrietándose la autovía de la esperanza.
Pero se deben rentabilizar inversiones erradas, como los devaluados edificios del proyecto Arteria. Sin embargo, se echa en falta un reparto equitativo, a tenor de lo que denunciaba Fernández Sastrón, actual presidente de la SGAE, en su campaña de 2012: "La falta de celo en la identificación" de un dinero recaudado que sirvió para financiar en parte -un 50%- el citado proyecto. La SGAE hace un año clausuró su delegación en Granada por "pérdida de identidad cultural", y fue trasladada a Málaga.
Hoy, herida por graves traiciones y ninguneada en telediarios e informativos, Granada busca nuevos horizontes, como otras provincias discretamente a la sombra. Muchas creencias de ayer se han convertido en frustración. Jaén y Almería, por ejemplo, son luces comedidas e intensas en un mapa extrañamente desequilibrado. Ante esto, cabe preguntarse: ¿Las comunidades autónomas han fomentado compensaciones, contrapesos, cercanías o han promovido lo contrario, avivando animadversiones, como las que existen en algunos pueblos vecinos, contagiadas por erráticas decisiones políticas?
Granada, cuya duda está vestida de silencio no carente de dignidad, medita ante un majestuoso escenario de nieve del que se desprenden aludes de decepción, al tiempo que busca el 'centro' de una realidad que no acaba de hacerse presente. Asimismo siente como "un vacío de cosa definitivamente acabada", en palabras de Federico García Lorca, y desde una perspectiva transcendente sabe que la solidaridad es virtud que honra a los pueblos. Pero para conseguir metas de altura es imprescindible un liderazgo carismático, sólido y vigoroso, acompañado de un compromiso ejemplar.
El "regalo único" de la SGAE a Sevilla nada tiene que ver con el que recibió Granada el pasado año. Aquel gesto doloroso y simbólico reafirmó el poco peso de una tierra a la que se le falta al respeto con frecuencia. La obsesión por dejar de ser ciudades o planetas y adquirir las categorías de urbes o ellas no conseguirá que se apaguen en nuestras noches solidarias los luceros.
(07/04/18, Ideal, p. 23)