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Estatuas humanas: el arte urbano baila con la danza en tiempos de desescalada

Intervención del espacio doméstico, coreografía estática de la compañía Willi Dorner de Viena
Demasiados transeúntes para tan poco banco: hasta ocho bailarines (¿acaso son nueve? ¿diez?) se entrelazan y convierten este rincón anodino del centro de Atenas en un lugar provisionalmente mágico
Transeúntes: algunos se fijan en la anomalía colorida de ese hueco en el que nunca nadie posa sus ojos; otros observan a la fotógrafa, que también cambia ligeramente el paisaje urbano con su presencia
En un museo sería una obra de arte. Y fuera de él, seguramente también. Una colaboración de la compañía Willi Dorner con Moncler, figuras que recuerdan a las esculturas de Jeff Koons
Una intervención artístico-urbanística en Copenhage en julio de 2017
Una cocina con un sabor especial, y un mobiliario humano fuera de lo común, en tiempos de desescalada
Una intervención de la compañía Willi Dorner de la serie Bodies In Urban Spaces en el South Bank de Londres
Una estatua humana, otra forma de ocupar la fachada, en principio sin mucha historia, de una casa baja
Una vidriera humana de colores, de arriba abajo, para esta ventana en un edificio mirando al Támesis, en el South Bank de Londres
Performance

La compañía Willi Dorner propone otra manera (espectacular) de vernos y de mirar nuestro entorno doméstico y urbano ocupando espacios marginales y olvidados

Un canto al optimismo.- Las coreografías tienen algo de artístico, de humano, de urbanístico, de político: son provisionales pero bellas, frágiles pero poderosas

Un origen curioso.- "Las coreografías de interior surgieron cuando me encargaron que creara un reclamo publicitario para vender unos pisos nuevos” (Willi Dorner, coreógrafo)

Ocupación provisional.- "Quería darle otro sentido a espacios a veces muy marginales, en los que nunca nos fijamos, las sobras del urbanismo" (Willi Dorner, coreógrafo)

Arte en los resquicios. Esculturas calladas en los rincones. Baile estático en los intersticios. Color que brota silvestre en las grietas olvidadas de nuestras ciudades. Excursión equilibrista a los espacios muertos de nuestras casas. Una revisión a cámara lenta. Una nueva decoración de nuestro piso. Una relectura del espacio urbano. Si después de la pandemia, el confinamiento y la desescalada todavía se debaten entre vivir lo más libremente posible encerrados en casa y viendo con otros ojos la calle (tan igual y ya tan diferente) entonces este artículo tal vez les guste.

Arte, espectáculo, performance, pintura en movimiento, colores con ojos, brazos, latido y respiración, colores que sudan, trepan por las paredes y se escapan, esculturas humanas en chándal formando coreografías imposibles. No, imposibles no, pero casi ¿Cómo pueden…? estén atentos, un día de esto, con la vuelta de la primavera casi a las puertas el verano, se los encuentre por la calle. Sólo hace falta fijarse un poco.

La compañía de danza Willi Dorner de Viena presenta una manera distinta de vernos y de mirar, de percibir nuestro entorno, el doméstico y el urbano, de darnos cuenta que los huecos de nuestro entorno –feos, huecos mal acabados, estúpidos, incongruentes, olvidados y minimizados–tienen un interés, pueden ser ocupados, embellecidos, aliñados con una sonrisa, aunque sea provisionalmente. El proyecto se llama Bodies in Urban Space.
Las coreografías y el objetivo de la cámara de Lisa Rastl invitan a transitar la ciudad, a observarla y repensarla, a consumirla sin que eso suponga necesariamente tener que pagar por todo. Humanizar la urbe contra la deshumanización (por muy llena de personas que esté), contra el concepto de que la ciudad es un centro comercial: muchos lugares en los que comprar, menos sitios para parar, sentarse y pensar, no hacer nada o hacer de todo. Un banco ocupado por nueve personas entrelazadas entre sí es un diálogo (civilizado) sobre esa pugna.

Aunque Willi Dorner ha retomado en las últimas semanas la idea de reocupar el espacio doméstico de modo experimental, la inspiración no le llegó en este periodo de confinamiento. Lo explica desde Viena, al otro lado del teléfono: “El origen de esa performance de ocupar los espacios de una casa, amueblada o no, no surgió en las últimas semanas aunque venga que ni pintado. En realidad, las primeras que hicimos fueron hace 16 años.Me hicieron un encargo, una especie de reclamo publicitario en forma de coreografía para vender unos pisos nuevos. Estaban acabados de pintar. La gente que los había construido me ofreció una residencia como artista. Me di cuenta que había un filón artístico que podía explorar”.

Trabajando en muchos proyectos paralelos, pero siempre centrado en sus espectáculos de danzas sobre las tablas, Dorner fue desarrollando poco a poco la idea de esas ocupaciones , interiores al principio con los espacios vacíos y vírgenes, “y luego con espacios ocupados por muebles y otros objetos. Lo que queda libre es relativamente escaso”, explica Dorner, que ha llevado sus performances por varios continentes.

En paralelo a los primeros experimentos domésticos, Dorner desplegó su conquista de la calle, infinidad de espacios que languidecen sin ningún protagonismo aparente: “A mediados de los 2000, salimos a la calle. En el 2006 hicimos una performance en Barc elona, en el CCCB. A mucha gente le gustó, otros no lo entendieron y se fueron porque esperaban que en vez de estar inmóviles buena parte del tiempo, los bailarines se movieran y danzaran”, recuerdan.

El coreógrafo vio que en el espacio urbano las posibilidades se multiplicaban. El alfeizar de una ventana, una U donde amarrar la bic icleta , la pared de una estación de metro, el margen minúsculo entre la pared de una calle y el poste de una señal…, las ventanas de edificios… Las intervenciones envían un mensaje de que otra armonía urbanística es posible.

Las ciudades pueden estar más vivas y ser más dignas estéticamente de lo que los intereses económicos pretenden: “En 2013 revisé esa idea de ocupar la calle con la danza -recuerda Dorner-, darle otro sentido a espacios a veces muy marginales, en los que nunca nos fijamos, las sobras del urbanismo, ¿qué parcelas nos quedan a los seres humanos cuando todo está construido?”, se pregunta.

Hace una semanas, en estas páginas, la bailarina Tamara Rojo hablaba de la danza como algo que se materializa gracias al sudor, no al glamour. Dorner también habla de esa faceta, del esfuerzo físico para lograr algo bello. La mayoría de posturas que adoptan los bailarines son casi imposibles y requieren destreza y equilibrio y poder mental. “C ada coreografía exige mucho trabajo duro –cuenta-. Puede parecer divertido y curioso, pero no es fácil meterse en ciertos huecos, en realidad algunas posiciones son muy difíciles físicamente y también suponen un desafío mental. Necesitas aunar esos dos poderes, el físico y la concentración”.

¿Qué hacen los espectadores? ¿Cómo reaccionan? “Al público le gusta mucho esa combinación de ocupar espacios a partir de cuerpos inmóviles y silenciosos. La idea es que puedan interaccionar con la danza cuando quieran y si quieren. Nos encontramos con gente a la que, sencillamente, no les gusta lo que hacemos, a otros les enamora, toman fotos, se colocan en medio de la coreografía, se hacen selfies”… No es casualidad que Dorner sea austriaco, sea vienés, ciudad donde la performance artística, el arte de Fluxus o el Accionismo (el happening llevado a los límites) y el neodadá siempre se ha encontrado muy cómodo y donde el arte siempre ha tenido un acento político y transformador.

Nota final: Niños, niñas, no intentéis hacer esto en vuestras casas

(Felip Vivanco, Magazine, La Vanguardia)