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'Pirañas: Los niños de la camorra' (Claudio Giovannesi). "El crimen organizado establece sus cimientos allí donde el Estado no llega"

Claudio Giovannesi, cineasta

Los nuevos jefes de las mafias son cada vez más jóvenes. «Pirañas: Los niños de la camorra», basada en el libro «La paranza dei bambini», escrito por el célebre periodista Roberto Saviano, relata la historia de un baby-boss napolitano

"Para erradicar el crimen organizado no basta la represión, se necesita una propuesta educativa, recursos, puestos de trabajo"

"Esta no es una película acerca de Nápoles, ni de Italia, más bien se trata de un filme sobre adolescentes que en medio del mundo criminal tienen que construir una moral de lo bueno y lo malo"

En un hotel de la capital alemana, Claudio Giovannesi (Roma, 1978) nos habla sobre “Pirañas: Los niños de la camorra”, una película basada en el libro escrito por Roberto Saviano, “La paranza dei bambini”, publicado en 2016. El título, tanto en italiano como en español, delata la juventud de los protagonistas, aunque no revela que se trata de algo que ahora mismo está ocurriendo en la vida real, no solamente en algún barrio de Nápoles, sino también en cualquier ciudad del mundo.

Saviano, periodista de investigación, sentenciado a muerte por la mafia a raíz de su revelador libro “Gomorra” (2006), puso en manos de Giovannesi esta historia basada en hechos reales. Las llamadas baby gangs es el tema que trata “La Paranza dei bambini” (publicado por Anagrama en 2017 bajo el nombre de “La banda de los niños”). Son adolescentes con la billetera a rebosar de dinero, con mucho poder, armas, ropa de marca y la certeza de que van a morir pronto, si llegan a cumplir 20 años ya puede ser considerado un milagro.

Conocidos como los baby-bosses (jefes bebés), se lucran con el comercio de las drogas, haciéndole frente a las mismísimas familias (de tradición) mafiosas napolitanas.
Hasta el momento de la inminente muerte temprana se preocupan por mantener a flote el negocio, aumentar el número de seguidores en las redes sociales, casarse, tener hijos, nadar en lujos y afianzarse en el poder.

Claudio Giovannesi narra en “Pirañas: Los niños de la camorra” la historia del quinceañero Nicola (Francesco Di Napoli), quien como los amigos que siempre le rodean proviene de la barriada napolitana Rione Sanità. Nicola entra en la espiral de violencia y del crimen organizado, y su ascenso como un baby-boss es tan rápido como su caída en los infiernos.

Tras el estreno en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 2019, esta película fue reconocida con el Oso de Plata por mejor guion, y desde esta semana se puede ver en la plataforma Movistar+.

- Después de dirigir varios capítulos de la serie «Gomorra» (2014-2019), trabaja una vez más con un libro de Roberto Saviano. ¿Qué era lo más urgente para resaltar en esta historia?

- Roberto fue el que me propuso hacer esta película con su libro. Con Maurizio Braucci (coguionista) y Roberto llegamos a la conclusión de que era esencial establecer una distancia con “Gomorra”, ya que si bien fue una serie muy grande y reconocida en todo el mundo, pertenece a un género específico como lo es el del crimen noir, en el que no son importantes las relaciones sentimentales entre los personajes, sino la lucha por el poder. Yo no quería hacer una película sobre la mafia o sobre la camorra, así que una vez aclarada con Saviano mi intención de centrarnos en la pérdida de la inocencia, en los sentimientos de los adolescentes y su fragilidad, abandonamos su libro para tomar y trabajar una senda en común. En ese proceso quería hallar la respuesta a la pregunta: ¿Qué pasa con los adolescentes cuando en una edad en la que no se sabe diferenciar lo bueno de lo malo, optan por tomar el camino de la criminalidad?

- Nicola, la figura principal de Pirañas: Los niños de la camorra, no está forzado a seguir ese camino, pero ¿qué determina una decisión como esa?

- Su decisión tiene motivos, el más importante es su deseo de trabajar, y es la criminalidad organizada, en lugar del Estado, la que le ofrece un trabajo. El segundo motivo es que su madre, que es comerciante, está obligada a pagar el llamado “dinero de protección” al clan que domina el negocio, y como ella, muchos se ven afectados por esta extorsión, lo cual constituye una motivación afectiva. Otra razón viene dada por la sociedad de consumo, que te empuja a poseer buenos relojes, ropa de marca, tener una mesa en la discoteca... y para lograr eso se necesita dinero. Nicola también tiene la ilusión de liberar su barrio, hacerlo próspero. Esa ilusión constituye a la vez una paradoja porque si bien su intención es noble, está determinada por las reglas del crimen, quiere hacer un bien a través del mal. Su decisión no puede tener otro destino que la tragedia.

- Las «baby gangs», lideradas a su vez por los llamados «baby-bosses», ponen de manifiesto que cada vez son más jóvenes los chicos que forman parte del crimen organizado. ¿Se puede deducir que el futuro no es muy alentador?

- El crimen organizado establece sus cimientos allí donde el Estado no llega, donde hay desempleo, donde no existe una propuesta ni un futuro para las nuevas generaciones. En ese entorno las organizaciones criminales toman fuerza, se institucionalizan creando una economía ilegal. Esto sucede en Nápoles, en Roma, pero también en las metrópolis del mundo, donde las instituciones gubernamentales están ausentes. Para erradicar el crimen organizado no basta la represión, se necesita una propuesta educativa, como también se precisan recursos, puestos de trabajo. Roberto Saviano sostiene que con la legalización de las drogas ligeras se comenzaría a desarticular esas organizaciones, ya que significaría despojarles de una parte de su mercado. No tengo una respuesta certera, yo soy un director de cine, y con mi película quiero dejar claro que una vez que un adolescente toma la decisión de pertenecer al mundo criminal, no hay vuelta atrás.

- Los chicos que participan en la película son actores naturales provenientes de barrios napolitanos. Al tratar un tema tan sensible, muy presente en su entorno, ¿cómo se plantearon el retorno a sus vidas después del rodaje del filme?

- No existe un peligro como tal para ellos. En efecto, buscamos a chicos de barrios que viven y conocen perfectamente esa realidad de la que hablamos en la película. Se trata de jóvenes trabajadores, que no se dedican al crimen organizado. Ninguno de los chicos tenía la intención de convertirse en actor, Francesco (Di Napoli, el protagonista) es pastelero, otro chico es cocinero, otro es barbero. Esta experiencia les sirvió para reafirmar que sus decisiones fueron correctas, además tomaron mucha conciencia de las consecuencias trágicas que conlleva entrar el mundo de la criminalidad. Cuando tenía 15 años mi decisión más importante fue a qué instituto asistiría, si al de humanidades o al de ciencias, pero a esa edad los niños de esta historia se enfrentan a una decisión de vida: si atravesar las dificultades que implica la búsqueda de un trabajo, que de paso escasea, o si trabajar para el crimen organizado. Esta realidad no es exclusiva de Nápoles, se ve en otras regiones de Italia, pero también en muchos países del mundo.

- ¿Cuáles eran las características que buscaban?

- Buscábamos rostros inocentes, ya que queríamos distanciarnos de la típica iconografía del mundo criminal; al ser una historia sobre la pérdida de la inocencia, queríamos que la inocencia se reflejase en sus fisonomías, a pesar de que ellos conocen bien la realidad en la que viven. También queríamos que tuvieran la capacidad de actuar, el talento de transmitir emociones y sentimientos.

- Tomando en cuenta el tema que trata la película, ¿se sintieron en peligro al rodar en Nápoles?

- Siempre tuvimos la precaución de comportarnos como invitados, no como invasores; esa es una premisa que hay que tener muy presente cuando se trabaja en localizaciones reales. Nuestra presencia generó fuentes de trabajo para los habitantes, les pagamos por su trabajo de actores, figurantes, asistentes de producción o ayudantes. No se trata solamente de tomar, sino de dar, y cuando se hace algo así, no somos blanco de molestias porque estamos aportando algo a la comunidad. Desde el 2008 Nápoles está habituada a tener equipos de televisión o de cine en sus calles, allí fue Matteo Garrone a filmar “Gomorra”, por ejemplo, por lo que la filmación de una película o de una serie ya forma parte de su cotidianidad. Por otra parte, durante todo el proceso le dimos un nombre falso al proyecto, le llamamos La Banda.

- ¿Estuvo Roberto Saviano en el rodaje?

- De ninguna manera podía estar. Saviano es una presencia muy fuerte, en Nápoles es más famoso que el Papa, además es una figura controvertida para ciertas instituciones y para los napolitanos, ya que algunos le aman, pero otros no, que son los que le acusan de mostrar las heridas de Nápoles y de ponerles en evidencia. Hubiera sido imposible hacer esta película de haber tenido a Saviano en el set, no hubiéramos tenido la tranquilidad y la seguridad necesarias para hacer un trabajo tan delicado como este.

De hecho hubo varias escenas que rodamos de incógnito, pero no por deshonestidad, sino para preservar la tranquilidad durante la filmación.

- ¿Cuáles son sus expectativas respecto a la resonancia de «Pirañas: Los niños de la camorra»?

- Más allá de la audiencia adulta, deseo que esta película la vean sobre todo adolescentes, que se produzca una correspondencia entre la edad de los protagonistas y la del público. Soy consciente de que una historia como esta, tal como ocurrió con las películas del Neorrealismo (desde 1945 hasta los primeros años de la década del los 50), siempre despierta polémicas, apoyándose en el consabido “los trapos sucios se lavan en casa”. Mi respuesta es simple: esta no es una película acerca de Nápoles, ni de Italia, más bien se trata de un filme sobre adolescentes que en medio del mundo criminal tienen que construir una moral de lo bueno y lo malo. Mi esperanza es que sea tomada como una historia universal.

(Janina Pérez Arias, Gara)