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Daniel Innerarity: "Deberíamos contar con instrumentos apropiados que nos permitan detectar las nuevas futuras crisis"

Catedrático de Filosofía Política

La Escuela Abierta de la Ciudadanía de Gasteiz contó con la presencia de Daniel Innerarity, que disertó sobre la gobernanza en tiempos de pandemia

"Recurrir al confinamiento para frenar la pandemia es algo tan recurrente y arcaico como la existencia de la propia humanidad"

"Hay instituciones que han fallado estrepitosamente a la hora de identificar la crisis y no tener recursos ni legitimidad suficiente"

El azote del covid-19 durante estos últimos meses obliga a hacer una nueva lectura de cómo se deberá actuar en la etapa posterior y extraer las obligadas lecciones sobre qué evitar en el futuro.

- ¿Qué reflexiones deja esta crisis del coronavirus?

— Nos encontramos ante una crisis que tiene un carácter novedoso y que debe ser bien diagnosticada. Muchas veces los errores a la hora de tomar decisiones tienen su origen en el hecho de no haber comprendido bien lo que está pasando. Se trata de entender bien en qué consiste esa complejidad.

- La inmensa mayoría de la población ha conocido ahora lo que es vivir una situación de pandemia, algo mucho más complicado y grave que una epidemia.

— Una epidemia es un contagio limitado en el ámbito geográfico, mientras una pandemia es universal. Esos aspectos se abordan también en el libro Pandemocracia. Ahí se plantea la analogía con el hecho de que, al igual que esa situación global de pandemia y la más local de epidemia, también en el mundo actual, las instituciones están más pensadas para gobernar localmente, desde los ayuntamientos hasta los estados. Hay, por el contrario, muy poca gobernanza por encima del Estado nacional. Hay instituciones globales, como la Unión Europea, que han fallado estrepitosamente a la hora de identificar esta crisis al no tener recursos, poder ni legitimidad suficiente. Por tanto, una de las principales conclusiones de la pandemia es que hay que fortalecer esos niveles de gobierno más global.
- Para esas mismas instituciones, ha sido difícil atajar esta pandemia al no contar con un 'manual de instrucciones' como en otras crisis, por así decirlo, y tener que actuar mediante el método del ensayo-error.

— Hay una larguísima experiencia de pandemias en la humanidad y esta crisis ha tenido algo de arcaico por el hecho de tener que encerrarnos en domicilios, ciudades y dentro de las fronteras. Eso es algo casi tan viejo como la propia humanidad. Lo que es nuevo, y para lo que no había instrumentos suficientes, es que esa crisis sanitaria se produce en un mundo globalizado. La gripe española de 1918 llegó en un planeta parcialmente globalizado, colonial, pero sin tal densidad de interdependencia. Esto hace que una crisis como esta con una enorme difusión de la información y una economía financiarizada que nos pone a todos ante el mismo escenario de riesgos, requiera unos instrumentos todavía por interpretar.

- En plena era digital y tecnológica las autoridades optaron por una solución medieval: encerrar a la población en casa.

— Es algo tan viejo como el género humano. Precisamente por eso la hace especialmente hiriente, porque ya podríamos disponer de otros procedimientos. Por ejemplo, gracias al análisis de datos y demás, poder disponer de instrumentos que nos permitieran detectar o identificar crisis que se van a producir. Deberíamos estar mejor preparados para lo probable o lo imprevisto. Eso es algo que nos golpea, cómo en la época de la inteligencia artificial y la robotización seamos tan poco previsores y sin elementos de anticipación del futuro.

- Esa falta de previsión ha quedado en evidencia en cuestiones como la incapacidad de la Unión Europea de coordinar una política sanitaria común entre sus 27 estados.

— La pandemia ha pillado a Europa en el peor momento. Se han juntado cuestiones como el Brexit, una relación mala entre el norte y el sur o el conflicto con los refugiados en Turquía expulsados a Grecia, entre otros. El momento no podía ser peor y las reacciones iniciales fueron muy malas, como no querer prestar material sanitario entre Alemania e Italia. También me pareció llamativo que se aplicara a esta crisis la misma plantilla de interpretación que sirvió para la anterior de 2008. Hace doce años hubo que hacer frente a una situación económica y no sanitaria. Se interpretó la situación al vínculo de irresponsabilidades financieras en cada país y de ahí las recetas de la austeridad, algo con lo que a nivel personal no estuve de acuerdo. En esta crisis con menos motivo se podía aplicar esa plantilla de aquel estilo. No se ha debido a una situación de exceso de deuda, sino a una afectación sanitaria. También hay que reconocer que, en un espacio de tiempo mucho más corto que el anterior, los estados han ido cambiando de posición y aceptando que es una crisis menos asimétrica. El papel de Alemania ha sido de cierto liderazgo y hoy están sobre la mesa medidas de choque para el combate económico de la crisis. No van a ser esos coronabonus, pero va a ser algo que se le va a acercar en cierta medida con el mecanismo europeo de estabilidad y la mutualización de la deuda.

- En la escala doméstica, la imagen de la clase política no ha sido edificante por lo que se pudo ver en las sesiones parlamentarias del Congreso de los Diputados.

— Eso tiene que ver con el sistema político del Estado. Nadie se fía de nadie y todo el mundo piensa que debería aprovechar esta crisis para la consecución de sus intereses. Esto se debe a que en el inconsciente colectivo nuestro está la idea de que con el funcionamiento ordinario de las instituciones apenas se producen cambios y las alternancias de gobierno llegan como consecuencia de acontecimientos catastróficos. Así sucedió con José Luis Rodríguez Zapatero con el 11 de marzo y la crisis de 2008.

- Al comienzo del confinamiento se repitió hasta la saciedad que esa situación haría más fuerte y mejor a la sociedad. ¿Se quedó en palabrería hueca?

— Tengo alguna evidencia de que vamos a salir menos, por los que se han quedado en el camino. También vamos a salir con más tópicos y la profusión de los mismos ha sido insoportable. De las crisis tiende a salir lo regular de los humanos. Esto hace que las crisis no produzcan milagrosas soluciones a los problemas que ya teníamos, sino que se agudizan. Como nos obligan a repensar muchas cosas, es verdad que son oportunidades para acelerar aquellas transformaciones como la digital o la ecológica u otras en las que ya estábamos tímidamente convencidos antes de que ocurriera todo esto.

(José Luis del Campo, Deia)