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La carta y la cartera (Enric Juliana)

La carta no dice lo mismo que la cartera. La misiva de la Moncloa al Palau de la Generalitat no coincide del todo con lo avanzado el viernes por la jefa del servicio de Correos, Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y coordinadora de todos los departamentos ministeriales.

La carta de Rajoy, ambigua, lábil, iba a decir gallega, pero dejemos los tópicos para otro día, astuta, corta, orientativa y a la vez vacía de contenido, no cierra la puerta a la celebración de una consulta que pulse la voluntad de los catalanes sin chocar frontalmente con el artículo dos de la Constitución. La vicepresidenta, que se había desayunado el viernes con el segundo editorial de ABC contra la "sedición" catalana -un auténtico delirio-, se ajustó al guión seguro de la señorita Rottenmeier: aquí sólo se habla de financiación, sin molestar a nadie, y menos al orden constitucional.

La carta no abre la puerta a los añorados malabaristas de los años setenta -aquel Adolfo Suárez que en 1977 intuyó la acumulación de capital político que podía reportarle la reinstauración de la Generalitat y el retorno de Josep Tarradellas; aquel Aldo Moro que antes de morir asesinado en 1978 abogaba en Italia por una política de "las paralelas que convergen"-, pero tampoco se la cierra a un Artur Mas "maragalliano". Lo vuelvo a escribir: Rajoy no cierra la puerta a un Artur Mas con rápida inventiva.

Silencio en la sala. Mas está demostrando ser el hombre de hierro de la política catalana y la gente con nervios de acero no ama las improvisaciones. El presidente de la Generalitat de Catalunya está resistiendo toda la violencia verbal que son capaces de generar la política y el periodismo. Una industria que vuelve a tener la bendición del episcopado. Antes de su inminente retiro, el cardenal Antonio María Rouco Varela, el hombre que hubiese querido ser el Richelieu español, tenaz protector de la rama más agresiva de la derecha mediática madrileña, ha colocado el canal de televisión 13TV en el tablero. La Iglesia vuelve a tener capacidad de presión en la línea de zaga.

Esta misma mañana, Pasqual Maragall ya habría metido a Rajoy en un lío con una carta de vuelta invitando al jefe del Ejecutivo español a abrir conversaciones inmediatas para la celebración de una consulta acorde con la legalidad.

Una carta enrevesada; una de aquellas cartas maragallianas que llevaban de cabeza al cuerpo de hermeneutas durante un mes. (Con su pelo blanco y su sonrisa ajena a los líos de este mundo, Maragall está recorriendo el camino de mossèn Cinto: la gente le ama y algunos que quisieron verle crucificado cuando presidía ahora le beatifican. Así es la vida. Así es Catalunya. Entrañable Pasqual Maragall, en buena medida autor de la apasionante, incierta y para mucha gente, inquietante coyuntura política en la que nos hallamos).

Agarrado al timón que le regaló su padre, Artur Mas tiene una astucia trazada con Rotring, en la que los giros parecen rectas. Veremos qué aconseja Ferran Mascarell, ministro esloveno de la Generalitat. (Mascarell, pelo níveo con flequillo Liubliana, encarna algo que para mí siempre será un misterio: la gran capacidad de anticipación táctica de los exalumnos de la organización Bandera Roja, el Opus Dei de la izquierda marxista de los años setenta. Carme Chacón, que ha cruzado el océano para huir de la quema, sigue contando en los palmerales de Miami con el valioso asesoramiento de esa escuela táctica. Nadie debería descartar que acabe conquistando el liderazgo electoral del PSOE.)

La vicepresidenta S.S.S., también con muchas posibilidades de llegar más alto, es de una escuela muy distinta. Una academia en la que no gustan las improvisaciones y las audacias de última hora. Es abogada del Estado y encabeza la cordada de jóvenes altos funcionarios que en estos momentos ya controlan las principales palancas de la gobernación española. Sáenz de Santamaría trabaja horas y horas para Rajoy, pero ha entrado en una fase en que ha de empezar a trabajar para ella misma.

Puede que haya un reparto de papeles: Rajoy, presidencial y calculadamente ambiguo; Sáenz de Santamaría, secante, y el ministro García-Margallo, al que honestamente le duele España, teorizando aperturas. Pero también podría ser que no haya tanto guión y que todo obedezca a la primera ley de la política en España: arreando que es gerundio y mañana ya veremos.

La Vanguardia