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La construcción de la ciudadanía: una asignatura pendiente de la democracia (Francisco Guerrero Cuadrado)

Francisco Guerrero Cuadrado es alcalde de Campillos (Málaga) y miembro de la Junta Directiva del Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (FAMSI). El Ayuntamiento de Campillos ostenta la Secretaría de Cooperación e Inmigración de FAMSI

Asumo la escritura de este artículo desde una perspectiva política, sin ser experto en migraciones, sino como un ser humano, alcalde y gestor de lo público con una visión igualitaria, integradora y humana de las estructuras sociales a las que debemos aspirar, sin exclusiones, sin marginaciones y sin visiones dominantes.

Desde la constitución de la Unión Europea, los países miembros han hablado y mucho de la necesidad de construir ciudadanía en Europa. Desde esta perspectiva se apreciaba cierta voluntad de poner a las personas por encima de los mercados y de la actividad económica. La realidad es otra. La Europa moderna, que quiere hacerse visible en el mundo, elimina las fronteras mercantiles, pero aún mantiene límites para las personas.
Esto obedece a que el mundo está gobernado desde una visión de dominación de los países del norte a los del sur, o del centro a la periferia. No cesan de generarse conflictos en otros países mal llamados "tercer mundo", "subdesarrollados" o "en vías de desarrollo". Habría que cuestionarse aquí la palabra "desarrollo" que está basada en el crecimiento económico y en la depredación del planeta, dejando de lado el componente humano.

Muchos de estos países son fuente de conflictos generados por países del norte movidos por intereses geopolíticos y estrategias de colonización cultural y económica. Eso implica un éxodo de muchísimas personas que huyen del horror, la guerra, el hambre y la muerte, y a partir de ahí, entre ellos la Europa de la ciudadanía, cierra fronteras a la humanidad. Así se demuestra que la modernidad es incapaz de solucionar los problemas actuales por incompetencia o porque no forma parte de los intereses de los lobbies y grandes grupos de presión a los que el poder político rinde pleitesía.

Cada día vemos en nuestros municipios personas que vienen de otros lugares del mundo, atraídos quizá por una "falsa" imagen de que nuestra democracia basada en criterios económicos es la solución a los problemas que viven en sus países de origen. Los gobiernos locales destinan parte de sus recursos no sólo económicos a favorecer la integración de las personas migrantes que llegan a nuestros municipios. No obstante, tenemos retos muy importantes que afrontar, y muchos de ellos no tienen sólo que ver con la economía.

Un primer reto es cuestionar y modificar la actitud de los gobernantes locales hacia una posición más rebelde con las políticas pasivas y de mirar para otro lado de otras administraciones, que únicamente trabajan desde el punto de vista de la caridad, para que no haya avances sociales en los lugares de origen.

La integración en redes de corporaciones locales con una visión de integración en proyectos de cooperación sería una medida de gran utilidad, para ayudar a los pueblos de origen a generar sus propias estrategias de mejora, de toma de decisiones, sin cuestionar sus valores, ni su modelo de gobierno, ya que a veces la visión dominante de Europa y otras partes del mundo, viajan para cambiar y colonizar culturas con la intención de que sean sustituidas por valores occidentales.

Otra medida fundamental es dotar de procesos de participación ciudadana a toda la comunidad, para empoderar a la ciudadanía, y hacerla partícipe de la toma de decisiones en la gestión pública. De esta forma, una ciudadanía con valores de comunidad determinará cuáles son sus prioridades en la convivencia e integrará a los colectivos más desfavorecidos en la toma de esas decisiones para atender su problemática antes que cualquier otra medida.

Por último, y el reto más importante es la pedagogía. Es la idea de que todos formamos parte de un mismo mundo, integrador, sin diferencias, sin dominación, en el que la diversidad es la parte fundamental de nuestra riqueza común. Debemos trabajar desde todas las instancias por educar en valores de comunidad. Seamos receptores o migrantes todos tenemos derecho a una vida digna en cualquier parte del mundo. La escuela, la familia, todas las administraciones públicas deben caminar en esa dirección.

Por eso nuestro papel desde la administración local es generar espacios de trabajo, procesos de participación y construcción democrática horizontal de la ciudadanía, donde todo el mundo esté integrado, y donde ninguna realidad quede invisibilizada.

(Novus Orbis, El Diario)