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Las diferencias de clase se hacen notar en el paro contra Maduro

La necesidad y la lealtad al difunto presidente Hugo Chávez minan en los barrios pobres de Caracas el seguimiento al paro general de dos días con el que la oposición venezolana presionaba a partir de ayer al Gobierno para que retire la Asamblea Constituyente que ha convocado. Como ya ocurrió en la huelga del jueves pasado, las zonas de clase media y alta donde el antichavismo es hegemónico eran ayer prácticamente peatonales, con el tráfico rodado limitado a las motos que subiéndose a las aceras sorteaban los obstáculos de la calzada.

Pese a que la Constituyente parece inspirar pocas pasiones, la situación era diferente en las partes deprimidas de la ciudad, donde la circulación fluía sin complicaciones -más despejada de lo habitual- y la mayor parte de los negocios y los vendedores ambulantes seguían operando pese a la menor afluencia de personas en las calles.

Esa era la situación en lugares como Catia o La Vega, en el oeste de Caracas, donde el apego a veces sentimental al chavismo, las estrecheces económicas y la propia densidad de estas barriadas llevó a muchos comerciantes y trabajadores a no sumarse al paro contra la Asamblea Constituyente que debe elegirse el domingo. “Estoy de acuerdo con el paro, pero el lunes ya fue feriado y no podemos permitirnos cerrar todo el día”, dice Gerson Montilla, encargado de una tienda de bicicletas. A pocos metros espera a que se le llene el vehículo a un conductor de autobuses, que invoca las mismas razones monetarias para explicar por qué sí ha ido a trabajar.
También en La Vega se gana la vida con su quiosco Alexander Amarista, un joven que se declara chavista pese a no mostrar entusiasmo por Maduro. “El Gobierno está intentando hacer algo para salir de esta; la oposición solo quema autobuses, clínicas y destruye”, afirma al mostrar su disconformidad con el paro. Amarista dice que nadie va a poner comida en su mesa si cierra dos días su quiosco, y, empleando el término despectivo con que Chávez designaba a sus detractores de buena posición social, culpa a los “empresarios ‘escuálidos” de la “guerra económica” que a su juicio provoca el desabastecimiento y la inflación galopante en Venezuela.

Una mujer mayor, clienta del quiosco y vecina de La Vega, entra en la conversación y coincide con el joven al explicar el éxito del paro en las áreas más prósperas de Caracas. “Allí ellos pueden hacerlo porque no tienen tanta necesidad”, decía la mujer, que rechaza la medida de la huelga pese a estar en contra de Maduro y la Constituyente con que busca elaborar una nueva Carta Magna.

Justo enfrente de la montaña atestada de casitas en Petare tiene su tienda de colchones Hassan, un comerciante de origen sirio que abrió ayer porque esperaba a unos mecánicos para hacer reparaciones. Hassan lamenta que la crisis haya obligado a emigrar a parte de los empresarios de la comunidad árabe y dice sobre sus anhelos de cambio: “Solo queremos vivir como antes”. “Chávez era otra cosa. Tenía grandes ideas, las sacaba adelante, tenía soluciones”, añade.

(Marcel Gascón Barberá, EFE, Deia)