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Albert Pla: "Si quieres matar españoles primero debes matar a los catalanes porque si no se enfadan"

El artista publica su segunda novela, 'España en guerra'

"Era magnífico, el choque de estar allí y luego irte rápido a la tele a mirar al Ferreras. Era impresionante, verlo con aquellas chicas tan guapas de La Sexta diciendo: «Yo creo que es el momento de intervenir, que es un buen momento para la tanqueta de agua». Dando instrucciones a la policía, dirigiendo el operativo"

"Todo comenzó cuando Catalunya se declaró independiente de España". Así se pone en marcha España en guerra (Amsterdam, 2020), el nuevo libro de Albert Pla (Sabadell, 1966), que de momento se publica sólo en la edición en catalán traducida por Martí Sales. Sin embargo, la acción de verdad empieza cuando interviene el ejército de Estados Unidos, que acaba ocupando España. En este escenario, en el que toda la clase política catalana y española es señalada como objetivo a exterminar, ocho soldados estadounidenses desencadenan el caos. Son el Batallón de los sonados, a medio camino entre una réplica aún más bestia de películas como Los violentos de Kelly y Inglourious Basterds una versión gore de los soldados del cómic Historias de la puta mili de Ivà. Albert Pla habla mientras reactiva tímidamente la agenda de conciertos, que ahora incluye actuaciones en Barcelona (Cruce XXS, 23 de julio), Maó (31 de julio), Sant Feliu de Guíxols (Porta Ferrada, 6 de agosto) y Montblanc (Festival Esencias, 28 de agosto).

- En el libro España en guerra escribes: "El día que en la tele no hagan anuncios, espántate, porque el fin del mundo está cerca". Al principio de la pandemia estuvieron a punto...

- Lo sigo pensando, sí. Siempre hay grandes problemas, parece que el mundo se acaba y, pum, anuncio. Así que tranquilos, que tan mal no debe estar la cosa.

- Publicaste España de mierda (2015) mientras esperabas sacar adelante el espectáculo Guerra. Y España en guerra mientras hacías las representaciones de Miedo. ¿Los espectáculos marcan el tempo de los libros?

- Yo escribo con bastante facilidad. Los tempos de los libros los determinan los editores. Si vas a un editor y le dices que quieres publicar un libro el próximo año te dicen que estás loco. De hecho, en castellano nadie lo ha querido editar.
- El otro lo publicó Roca Editorial.

- Este no lo ha querido Roca. Estoy esperando algún editor avispado.

- El libro lo escribiste en otoño de 2019. ¿Muy influido por todo lo que pasó en Catalunya tras la sentencia sobre el 1 de Octubre?

- Yo ya lo tenía negociado antes, desde el verano, pero dio la casualidad de que lo escribí en aquellas fechas.

- ¿Algo te hizo cambiar lo que estabas escribiendo?

- Yo tenía la idea de que los americanos invadían España. La trama era esta. Invaden España y se comportan como se comportan en otros países, pero explicado desde aquí puede sonar más fuerte. Esta era mi idea. Luego me faltaban los protagonistas, los americanos, y entonces decidí escribir desde su punto de vista. También me faltaba el desencadenante y, hostia, me lo ponían en bandeja.

- La independencia de Catalunya es la excusa, la chispa del caos. Pero a los pocos capítulos Catalunya prácticamente deja de tener presencia en el libro.

- Sí, yo lo que quería matar era a los españoles, lo que pasa es que si quieres matar españoles primero debes matar a los catalanes porque si no se enfadan.

- En cambio, sobre los vascos, escribes que "nadie sabía por qué pero a los vascos no les había tocado nadie".

- Los vascos siempre han ido aparte, y me gusta que sea así.

- Haces limpieza con Catalunya enseguida y entras a describir las peripecias de los soldados estadounidenses, el Batallón de los sonados, por Sevilla, Galicia, Altsasu ... Este batallón de pinchos descontrolados recuerda a los militares de películas como Los violentos de Kelly y Los doce del patíbulo.

- Son las películas con las que me he criado, desde Doce del patíbulo hasta las del Tarantino. Son un batallón de animales, unos hijos de puta, machistas, racistas, violentos, psicópatas que van por el mundo matando gente en nombre de la libertad, follando a tías para que conozcan las famosas pollas de Brooklyn, que se ve que dan mucho gusto. Tenemos que escuchar a negros que dicen que tienen una polla enorme y que los blancos son subnormales. Dejamos el mundo en manos de hackers que suelen ser chinos... No me he inventado nada, es lo que nosotros celebramos y decimos que es tan bueno: "Oh, Apocalypse now, que buena que es, buenísima, una obra de arte". Pregunta a los vietnamitas, es una puta obra de arte. Yo veo a unos psicópatas peligrosos. Además, con el apoyo de un gobierno que es el guardián de la democracia, el que lleva la democracia, la justicia y la libertad a todo el mundo. Curiosamente, creo que la mayoría de los dictadores que ha habido en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial han tenido el apoyo de los americanos. No he puesto mucha imaginación para inventarme el batallón, porque son los mismos de siempre, han ganado mil Oscar, mil Pulitzers, son unas celebrities, guapísimos todos.

- Y ahí incorporas a Molly, una mujer, que antes no formaba parte de este tipo de batallones de chiflados.

- Sí, Molly, claro. Si tú llevas a una mujer en la guerra debe ser más bestia que los demás, porque si no qué cojones pega una tía en medio del ejército. Pones una pareja a John Wayne y para superarlo debe ser una puta psicópata. Para superar al Clint Eastwood ha de ser una tía muy hija de puta.

- Que es el caso de Molly, que en un momento del libro hace algo especialmente gore con la cabeza del presidente español...

- Seguro que alguien lo ha hecho antes en alguna película.

- Los soldados hacen lo mismo que han hecho en otros países. Incluso recreas, pero en Marbella, las torturas que hicieron en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak.

- Es un poco eso. Para los americanos no hay ninguna diferencia. En esta novela están los buenos, que son los malos pero yo los trato como buenos porque son los protagonistas, y luego están los cafres, que somos nosotros, las víctimas, los corderos que reciben las bofetadas.

- Reciben bofetadas todos, pero mantienes a los políticos en el anonimato, aunque es fácil saber de qué hablas: "Otro más joven, alto y guapo, que se hacía llamar socialista pero que parecía de la CIA y era más falso que una hipoteca". En cambio, periodistas como Antonio García Ferreras y Ana Pastor sí les mencionas con nombre y apellidos.

- Hay una razón jurídica. A los que matas no les puedes poner los nombres.

- ¿Hasta qué punto crees que has escrito España en guerra para superar la sobreinformación que ha habido estos últimos años?

- Ha sido precisamente por eso. Si llego a saber que habría el confinamiento y que podría abstraerme de esta manera, tal vez no lo habría escrito. Realmente ya hacía años que lo notaba, que era todo muy invasivo, demasiado. Tanta información y tanta importancia, no sólo política, sino social, sobre cómo comportarte como ser social, dónde están los límites de tus costumbres, el posicionamiento social, de quién estás a favor, quién es bueno, quién es malo... Escribir fue una manera de no seguir la actualidad. Yo he escrito mi versión, que también podría pasar. Es igual de mentira que la tuya.

- ¿El libro también se puede considerar una venganza?

- Es una venganza. De hecho, España en guerra está dedicado a todos los nombres que no tienen el honor de salir en este libro. Es por su culpa, más que gracias a ellos.

- ¿España en guerra puede dar pie a un espectáculo?

- Cuando tengo una idea, el problema es el formato. Sí, yo haría una película. Con Miedo quería hacer una película, un musical... Pero si haces una sinfonía con muchos músicos después tienes que sacar una orquesta... y al final te quedas tú solo haciendo lo de siempre. Y esto es lo mismo. Sí, claro, yo haría mil cosas. Pero el libro es una buena manera, porque realmente no tiene este proceso de autocensura que tienes cuando haces canciones. Bueno, quizás no es censura, sino el hecho de ser cuidadoso, muy cuidadoso, con cada frase e intentar reducirlo todo a la mínima expresión, lo que en un libro no pasa porque puedes desahogarte.

- Ya hablabas de eso cuando publicaste España de mierda, que el libro te permitía usar los personajes para emitir juicios sin que el lector te los atribuya a ti, que es algo que sí ocurre a menudo con las canciones.

- Al presidente español, el socialista, se llame como se llame, no lo puedo matar yo. En cambio, un batallón de americanos no sólo lo pueden matar, sino que pueden decir que es un facha hijoputa español de mierda, que le darán por el culo y que se enterará de lo que es una polla americana. Y no pasa nada. Bueno, en la realidad sí que pasa, pero sí, el libro me permite jugar con ello, divertirme. Yo no puedo decir que los medios de comunicación españoles son unos fascistas teledirigidos, vendidos y asquerosos y que manipulan las noticias, pero en cambio un soldado estadounidense puede decir: "Estos putos periodistas de mierda, lameculos del poder, los daremos por el culo y nos follaremos a su puta madre que es una mamona". Y gana el Oscar. "Que bien que lo has hecho, tío, impresionante, qué interpretación, qué cara de tragedia, has sacado todo lo que llevabas dentro..."

- Y nadie dirá que Leonardo DiCaprio piensa así.

- A Brad Pitt se le puede permitir que de vez en cuando viole una tía, es un soldado, es la presión, allí, con todo lleno de gente que lo quiere matar y él, pobrecito...

- En este libro vuelve a pasar que hay capítulos que funcionan como un cuento corto. Por ejemplo, el del policía español que está en paro mirando como los soldados americanos están repartiendo leña.

- Sí, este capítulo reconozco que fue de los últimos capítulos que escribí y fue eso, imaginar que a un antidisturbios no lo dejan hostiar y que encima le dicen que lo hacen fuera porque no pega bastante a la gente. Y el tío quiere pegar abuelas, niños, quien sea. Hay tíos que son así, no me lo invento. Los días de las obleas en la plaza Urquinaona yo estaba. Era magnífico, el choque de estar allí y luego irte rápido en la tele a mirar el Ferreras. Era impresionante, verlo con aquellas chicas tan guapas de La Sexta diciendo: "Yo creo que es el momento de intervenir, que es un buen momento para la tanqueta de agua". Dando instrucciones a la policía, dirigiendo el operativo. Ellas pillan enseguida quién era el violento y se le había de destrozar por violento. Era muy bonito, impresionante. Y el tío diciendo que si no estabas de acuerdo con él o eres un ultraderechista o un radical independentista. Es fabuloso, este tío. Un delirio. Y eso los rojos, los buenos. Lo encontré un delirio. Qué esperaban, ¿que dos años después los chavales se volverían a quedar sentados en la puerta de la escuela viendo cómo un policía pega un porrazo a su abuela? Esto incluso el legionario más facha lo puede entender: "A mi madre no la toques, pero es que si además tocas a mi abuela te mato..." Es más, con esto del coronavirus quizás se ha parado todo, pero siempre estuve convencido de que esto era un ejemplo. Cuando iba de bolos en Cádiz y me preguntaban, yo decía que en dos años Cádiz estaría ardiendo, para que los chavales de Barcelona no protestan porque quieran la independencia, protestan porque no tienen un duro, porque estudiar les cuesta no sé qué, porque no hay trabajo y no se les da nada, y además los haces ir a votar, llevan seis veces tirando la papeleta y... ¿Qué le contaré yo a mi hijo de la democracia? Quiero decir que esto pasará en Cádiz.

- Esta lectura la haces en el libro.

- Sí, creo que arderá todo, pero tampoco tengo mucha visión social yo. Me equivoco mucho. Pero por mi lógica mental debería pasar.

- La revuelta del becario de la novela es un poco eso.

- Un poco. Y supongo que no será sólo en España.

- La casualidad ha hecho que algo que escribes en el libro haya pasado esta semana: la CIA ha desclasificado documentos que relacionan Felipe González con los GAL.

- Es que si para saber que el rey es corrupto tienes que esperar unos papeles de la CIA... Si para demostrar que el partido que ha gobernado este país durante tantos años ha sido corrupto tienes que esperar que venga la CIA a decírtelo... Es como las noticias del rey, que las publican porque las saca el Daily Telegraph y no tienen más huevos que suavizarlo, no sé cómo lo hacen. Hay cosas que están demostradas, y si no están demostradas me da igual, me gusta creérmelas así.

- ¿El coronavirus te ha desmontado muchos planes?

- ¿Qué quieres, que llore? Todo a tomar por el culo. Todo el verano, todas las giras por América, todos los estrenos, todo a tomar por el culo. No me atrevo a decir que lo paso mal porque veo todos los compañeros de profesión y muchos que tienen estructuras de mucho más gasto que la mía. Una putada en la vida me la pueden hacer. Ahora, una segunda ya no lo aguantaría. El Tortell Poltrona me dijo: "Cuando empiecen los futbolistas, prepárate. Hasta que no haya fútbol, nada".

- Y ya lo tenemos aquí.

- Pero de momento sin público. Tenía razón el Tortell Poltrona. El primer día de confinamiento me dijo: "Hago como tú, Albert, leo sólo el 'Sport' ahora, porque sé que cuando empiecen los futbolistas después vamos nosotros. Hasta entonces no es necesario que mires nada".

(Xavier Cervantes, Ara)