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Si esto es un rey (Fátima Andreo Vázquez)

El abuelo paterno de mi madre fue un convencido republicano que llegó a ser ministro cuando su país, Portugal, había conseguido deshacerse de sus reyes. Y de los tíos maternos de mi madre, dos estaban comprometidos con la República y otro fue un poco habitual espécimen de carlista andaluz. Sus padres, mis abuelos, por su parte eran bastante apolíticos. En cuanto a la familia de mi padre, sé que mi abuelo votó a Lerroux y luego fue franquista. En definitiva, ninguno de mis padres procedía de un entorno monárquico. Sin embargo, ellos se declaraban juancarlistas, entendiendo que se trataba de un rey moderno que había permitido/traído la ansiada democracia al país. Y supongo que también influyeron las buenas relaciones entre Felipe González, al cual admiraban en aquella época y Juan Carlos, que eso le daba un toque de progresismo.

Pero, ¿qué se escondía detrás de esa fachada de modernidad y campechanismo? Pues, al parecer, un comportamiento bastante poco edificante. Según noticias aparecidas en los últimos meses, mientras mis padres admiraban al jefe del Estado, este se dedicaba a cobrar comisiones de empresas privadas y de Estados extranjeros; mantenía, con cargo al erario público, a amantes diversas; sustraía de la Hacienda Pública, que le pagaba sus honorarios, los impuestos que debería haber pagado escondiendo dinero en Suiza.

Por otra parte, hay que decir que todo muy en consonancia con los comportamientos de cierto empresariado patrio. Pero, además, ¡qué cutre lo de pedir a un empresario amigo que le pagara la mitad del viaje de bodas a su hijo, mientras él tenía dinero escondido en cuentas suizas! ¿Dónde queda el señorío que se le supone a la nobleza/realeza? ¿O es que consideraba una obligación de vasallo ese espléndido regalo? ¿Y qué decir si coincidimos con Borges, que consideraba el lujo una vulgaridad?
En fin, una vergüenza más. Normal que la hija pequeña se enfadara con el padre por repudiar a su marido por hacer… lo que se hacía normalmente en la familia. Pero, lamentablemente para el deportista, la inmunidad no es transferible (aunque sí parece que hay quien quiera alargarla hasta más allá de su período de vigencia legal).

¿Y ahora, qué pasa con Felipe, ese rey que ha pretendido distanciarse de los excesos de su progenitor mientras es beneficiario de su herencia (a la cual no podrá renunciar hasta el fallecimiento del padre, en contra de lo expresado recientemente); cuando su viaje de bodas fue pagado por un empresario con el que, de esta manera, se encuentra en deuda; cuando uno de sus mejores amigos, el «compiyogui», también empresario, se ha visto envuelto en varias tramas de corrupción e incluso en el acoso y la agresión a una mujer? ¿De verdad piensan que sus desafortunados súbditos todavía no nos hemos caído del guindo?

Puedo entender que haya gente a la que le guste la monarquía parlamentaria como sistema político. Unos amigos portugueses recientemente defendían que una Jefatura de Estado elegida por sufragio puede llegar a acarrear mayores gastos que una real (de realeza), pudiendo la competencia de esta última llegar a ser también mejor. Podría ser, aunque yo no lo comparto. Pero lo que tengo muy claro es que, desde Carlos III, los reyes de España no han dejado de ser una maldición para el país.

Este año no pudimos celebrar el 14 de abril debido al confinamiento. Una pena, porque cada vez se hace más evidente la necesidad de una III República que saque de nuestras vidas a esta familia que ya no da más de sí de tanto escándalo. Pero claro, ¿qué se puede esperar de quienes pueden violar la ley impunemente?

(Gara)