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Visibles (Sandra Barneda)

Paseando de la mano con mi pareja –mujer– por el centro de Madrid me sentí señalada

En algún momento u otro de nuestras vidas, hemos oído, o incluso pronunciado, la frase “lo que no se ve no existe”, pero pocos la han sentido. La invisibilidad es para el ser humano la negación más absoluta del propio ser, incluso del propio existir. No han sido pocos a los que la sociedad, con sus reglas y su sistema binario de bien y mal, o correcto e incorrecto, ha trasladado a la sombra o cloacas , entre ellos al colectivo LGTBI.

Mañana se cumplen 42 años de lucha en España y quince de la aprobación del matrimonio igualitario. Pero la invisibilidad no siempre va unida a la legalidad; las leyes protegen pero no educan contra la LGTBIfobia ni te sacuden el miedo a ser señalado, mirado o tratado de un modo distinto por tu identidad sexual y de género. Siguen existiendo barreras legislativas para el colectivo, especialmente para las personas transgénero, que urge sean solventadas.

La despatologización de la transexualidad y la autodeterminación del género es un compromiso del Gobierno de Sánchez y ratificado esta semana por la ministra de Igualdad, al anunciar la aprobación de tres futuras leyes: Igualdad LGTBI, ley Trans y ley de Igualdad de Trato. Los balcones, símbolo de agradecimiento en estos meses de confinamiento, se visten estos días con la bandera del arcoíris. No todos, sobre todo los que no tienen miedo, no les importa ser considerados distintos o ser mirados con desaprobación. Y me quedo corta en adjetivos respecto a ese tipo de miradas y comportamientos.
Puede parecer exagerado, pero incluso yo misma paseando de la mano con mi pareja –mujer– hace un par de semanas por el centro de Madrid me sentí señalada y desaprobada por ciudadanos con los que me cruzaba en la calle. Una agresión mínima, pero injusta y sobre todo muy clarificadora de lo que todavía queda por hacer.

La ministra Irene Montero dio el dato esta semana en la presentación de la campaña #ahoramásquenuncaorgullo: “El 48% de las personas encuestadas en España evitan dar la mano a su pareja del mismo sexo en público”. Por ello y por las voces con mensajes casi evangelizadores hacia una uniformidad peligrosa versus la enriquecedora diversidad hay que estar y ser más visibles que nunca.

Ahora los vientos son más favo­rables que hace unos años y por ello es importante remar y no criticar, sino sumarse a cualquier campaña en favor de la igualdad, en favor de la conquista de derechos para que cada vez existan menos invisibles. También está la frase: “De lo que no se habla o nombra no existe”.

(La Vanguardia)